martes, 8 de marzo de 2011

Cuestiones fundamentales

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Dr. Armando Martinez Verdugo.

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LOS PRINCIPIOS

EL COMBATE HISTÓRICO


         Las certezas y las incertidumbres que cruzan al mundo contemporáneo, refrendan nuestra decisión de proseguir el esfuerzo de construcción revolucionaria.  Esta reafirmación, sin embargo, es consciente de que hoy los grandes problemas irresueltos son más que los que han hallado solución. Las “cuestiones malditas”, de las que un día hablara el autor del ¿Qué hacer? se ven multiplicadas a una complejidad social sin precedentes.
         Los revolucionarios mexicanos no hemos logrado enfrentar con capacidad y voluntad pertinentes los retos viejos y las interrogantes nuevas, incluso cuando crece diariamente el material inflamable para el descontento social.
         Es precaria nuestra contribución a la tarea de coadyuvar a que esta profunda crisis económica del capital se desarrolle a una crisis orgánica e histórica del actual sistema mexicano.  Es pobre también nuestra capacidad para aprontar alternativas claras en la lucha y la resistencia popular.
         Décadas de esfuerzos y sacrificios de varias generaciones de revolucionarios no han bastado para forjar mejores condiciones subjetivas.  Esta nueva crisis estructural del capital nos toma otra vez escasamente armados política, teórica y organizativamente.
         Pero hoy el terreno para la acción revolucionaria está abonado por el concurso de tres grandes procesos político-sociales, que actúan sobre nosotros como fuentes de posibilidad e inspiración revolucionaria.
         La resistencia popular y obrera que ha enfrentado una ofensiva patronal-estatal en las últimas dos décadas  en México y que ha conformado una verdadera voluntad histórica de cambio.
         El camino abierto por la Revolución Cubana, el triunfo de la insurgencia popular sandinista aunque haya sido derrotada, los movimientos populares, campesinos, indígenas y los actuales triunfos electorales de candidatos progresistas y democráticos,  constituyen otro manantial para nuestra actual lucha.  Es la senda abierta del Che y Turcios Lima, de Camilo Torres y Santucho;  de Sendic y Miguel Hnriquez, de Inti Peredo y Carlos Fonseca Amador; es la vereda que en México intentaron transitar Raúl Ramos, Oseas y el Güero Medrano, Genaro y Lucio, los comunistas y socialistas mexicanos, los demócratas reformadores. Es la lucha  de miles de combatientes que en el mundo han  enfrentado al capital.
         Un tercer torrente lo encontramos en el histórico proceso antidoctrinario y antisectario que oxigena a nuestra teoría y a nuestra práctica comunistas a nivel planetario.  La ruptura de grandes clichés teóricos, el gran cuestionamiento al conjunto de “verdades sacrosantas” que han esterilizado al pensamiento y la acción comunistas.  Es, en fin, el atrevimiento a escudriñar en búsqueda de nuevas preguntas asumiendo que el problema está en ellas y no en las “respuestas” dadas, “deslastrando el condicionamiento mental que imponían recetas y modelos”. Hoy vuelven lentamente a aumentar los revolucionarios que recuperan en su práctica cotidiana la esperanza comunista; que pugnan por reintegrar un contenido comunista a las luchas puntuales, a los movimientos minoritarios y a las grandes batallas de cambio social, aunque realizan esos esfuerzos con formas y lenguajes muy variados,  planteándose por ahora  como izquierda anticapitalista.
         Bajo el influjo de estos grandes torrentes, en nuestro país una tarea sigue pendiente ocupando un lugar central: la  construcción de  la dirección revolucionaria con sentido comunista y la definición y ejercicio de una correcta línea de masas, sustentada en la resistencia y la organización del proletariado y del pueblo.  Esa tarea avanza en relación directa al desarrollo del grado de conciencia de clase y de organización de la clase obrera y de todo el pueblo.
         Esta tarea central se traduce en la urgencia de definiciones programáticas, estratégicas y tácticas, construidas sobre firmes y precisos principios comunistas.

CON PASO PROPIO AVANZAREMOS POR LA
SENDA COMUN DE TODOS LOS PUEBLOS

         No es nuestro país esencialmente distinto a todos los que están, o “han estado”, dominados por el capital.  También aquí una pequeña minoría se apropia de las grandes riquezas que el pueblo trabajador produce con el sudor de su frente.
         También aquí los que ejecutan el trabajo —los más--  no deciden, y los que deciden no trabajan.
         Nuestro suelo, bosques y aguas, nuestros yacimientos, voluntades y decisiones, nuestros gustos e inclinaciones, nuestros amores y ansiedades, todos nuestros atributos esenciales de seres humanos, también deberán ser liberados de ese uso opresor y explotador que les da la minoría de magnates y empresarios.  Y esa liberación, de igual manera será aquí obra revolucionaria de las grandes masas, mediante gigantescas acciones de protagonismo social y con una dirección política altamente calificada.
         Los trabajadores mexicanos resolveremos nuestros problemas fundamentales, por esa senda común que han recorrido y habrán de recorrer todos los pueblos.
         Pero esa senda común la andaremos con paso propio.
         Nuestra revolución, de igual manera, será obra de las grandes masas, o no será.  Pero las masas también son relaciones económicas,  sociales, intelectuales, políticas, afectivas, etcétera, en las que participan los individuos que forman parte de ellas,  esto es, un conjunto de estructuras sociales significativas concretas que se oponen y se engloban mutuamente.
         En este sentido, México no es Centroamérica, no es lo que fue Cuba, antes del triunfo de Fidel, ni es lo que fue la Rusia prerrevolucionaria.
         Un desarrollo de las fuerzas productivas mucho mayor, con relaciones sociales de producción más estrictamente capitalistas, incluso con grados más profundos de concentración y centralización, que en algunos aspectos recuerdan al  mismo desarrollo imperialista monopólico de los llamados países altamente industrializados, imprime a las estructuras sociales mexicanas diferencias sustanciales en la lucha de clases, en relación con aquellas zonas o países.  En México es más considerable la intervención masiva del Estado –aun con su actual adelgazamiento y pese a la política neoliberal de unificarlo casi por completo-  en toda la vida social, específicamente mediante lo que para países imperialistas se llama “mecanismo de autorregulación”; incluso en su situación actual, la “familia revolucionaria” logra generar algunas  alternativas capaces de recrear mecanismos de hegemonía.  Al mismo tiempo, todo esto elimina realmente y en mayor sentido la función y la responsabilidad de los individuos como tales en la producción y en el mercado y, por lo mismo, vacía más las conciencias individuales de todo contenido autónomo e independiente, logrando así un grado mucho más alto de apaciguamiento, conservadurismo o conformismo gradual de la población, un mayor desinterés por todo lo que rebase el consumo individual o familiar.
         La privatización y la corporativización de grandes masas de trabajadores sobresale más aquí que en la mayoría de los países latinoamericanos.  Esto significa una mayor destrucción de la socialización de los individuos en México, una pérdida mayor de la idea de que una acción colectiva sea capaz de cambiar el rumbo de la sociedad mexicana.  Esto significa que en nuestro país tienen lugar grados de integración de los  trabajadores al sistema, incomparablemente mayores que los que se presentaron en Cuba y Nicaragua o los que se observan en El Salvador, Guatemala, y países por el estilo.
         Las estructuras sociales de México comprenden sectores nada despreciables de trabajadores que, incluso con los niveles crecientes de pobreza, relativamente ya no conocen empobrecimientos brutales o pauperismo absoluto, aunque  éste no deja de estar presente y con la actual política neoliberal crece considerablemente.  Esto es válido no sólo para grandes masas de profesionales e intelectualidad asalariada, sino también para obreros de las ramas punta de la economía nacional, aun cuando, insistimos, cada día crece el pauperismo social;  incluso existen pequeños sectores campesinos cuya situación envidiarían masas salvadoreñas u hondureñas.
         Si de legitimidad burguesa puede hablarse, un ciclo de tres revoluciones burguesas, un proceso de profundas reformas de estructura y una honda tradición de construcción y reconstrucción de consenso, apuntalaron por mucho tiempo  una base social de apoyo y sostén de la dictadura del capital mexicano mucho más amplia, firme y estable que la de cualquier país latinoamericano; una estabilidad basada en dosis más altas de respetabilidad estatal por parte de la clase obrera, casi a la inglesa.
         Esto siempre ha planteado  un gran requerimiento en el trabajo revolucionario en México: aquí la revolución ha exigido una lucha por la conciencia de los trabajadores, mucho más fuerte.  Aquí, debe trabajarse más para que el pueblo con su lucha forje más fundamentos socio-políticos que le permitan expandir más su vida espiritual y cultural, desplegar más protagonismo de masas, ejercer más práctica de recuperación de sus capacidades decisionales y de propia conducción de todas las condiciones de su vida, como proceso de preparación de derrota del aparato jurídico-político y militar de la burguesía.
         Esa idiosincrasia preñada de respetabilidad estatal casi inglesa, reducido inmediatamente toda significación práctica y toda posibilidad de éxito político, por ejemplo, a los programas tradicionales de una revolución eminentemente política que se geste y brote de la miseria absoluta de las masas y de represiones político militares como método dominante de gobierno.
         El programa que puede facilitar más a que específicamente  los proletarios mexicanos y las minorías oprimidas se incorporen a una lucha revolucionaria anticapitalista, es aquel que les permita realizar prácticas de recuperación de autocontrol u autodecisión de todas sus condiciones de trabajo y de vida, que les permita ejercitarse en la participación y responsabilidad colectivas en las grandes decisiones de la vida económica, social y política, para aprender a ser parte activa en la forja propia de una verdadera cultura humanista.
         En México, la derrota del Estado burgués debe estar más precedida, más preparada y más acompañada de un ataque global al poder social del capital, como proceso de forja y ejercicio de autodeterminación de las masas, como vía de construcción de un ramificado sistema de autodeterminación, extendido y regado por todos los vericuetos de la vida social.
         La revolución en nuestro país, tendrá, pues, un carácter más social que en países centroamericanos o del Caribe; será una revolución con sentido mayor hacia el comunismo.
         En nuestra lucha revolucionaria, podemos asumir esa brillante sentencia europea, en el sentido de que “la clase obrera mexicana para ser dominante debe ser antes dirigente” a través de una organización social política de masas.
         Ahora bien, México no es Italia, Inglaterra, ni país europeo.  Aquí el consenso ha estado recurrentemente más teñido de sangre;  aquí la política ha estado por largos periodos  fuertemente comandada por la acción ocasional pero siempre definitiva del  ejército y  la policía política,  el espionaje en el interior del pueblo, toda una línea de golpeo y represión tan puntual como brutal; aquí el autoritarismo, el patrimonialismo en la política estatal, en fin, todo lo que hace pensar en una típica política oriental, durante mucho tiempo han hecho de nuestro país un territorio también latinoamericano.
         En este sentido, México es más Centroamérica, más Cuba y más Rusia prerrevolucionaria, que país europeo.
         Aquí, en consecuencia, procesos propios a una revolución política resultan inevitables, tales como el acento en la organización política de masas que, inscrita en la legalidad burguesa pivotee sobre ésta y derrote al poder en la dirección político-estatal.
         Es nuestra certeza, y a ello empeñaremos el concurso de nuestros mejores esfuerzos, que en México, a diferencia de Europa por ejemplo, sí se requiere una derrota del Estado existente y la construcción de un Estado de nuevo tipo,  como premisa inmediata  de transformaciones económicas radicales o de “reformas de estructura” que atenten contra el capital.
         Pero esa lucha política estatal debe ser el ejercicio de trabajadores que, en un proceso, se hayan forjado y estén forjándose como masas autodeterminadas, que hayan construido  y estén construyendo con su práctica capacidad para hacerse cargo de la dirección de todas las circunstancias y atributos de su vida y de su trabajo.
         En esta lucha a muerte contra la burguesía mexicana y el imperio en la que estamos empeñados los latinoamericanos, la victoria del pueblo mexicano dependerá en mucho de la capacidad que tengan los revolucionarios para saber encontrar el eslabón político-cultural que les una orgánicamente a las masas; para atender especificidades como las aquí anotadas, y saber traducir esa comprensión en políticas eficaces.
         Ese  carácter complejo de las estructuras de la sociedad mexicana, permea a todo  el conjunto de fundamentos del proceso de construcción de fuerzas políticas para la revolución y de vanguardia comunista.


PRINCIPIOS EN LO POLÍTICO

1.-     Bajo cualquier circunstancia, todo nuestro pensamiento y toda nuestra acción están encaminados a realizar el comunismo como meta histórica.  El objetivo emancipador comanda todo nuestro proceso.

         En toda nuestra lucha diaria, nos atenemos a la convicción de que en México el comunismo constituye la única solución radical para los problemas fundamentales de la clase obrera y del pueblo.  Esto es así en virtud de que la forma histórica de extracción del producto excedente creado por los trabajadores mexicanos es la plusvalía y, porque la contradicción entre capital y trabajo asalariado es la relación determinante de la sociedad mexicana de nuestros días.
         En consecuencia, en las diferentes fases por las que atraviesa el movimiento de superación de aquella contradicción, siempre y en cualquier circunstancia, mantendremos en alto la bandera del comunismo como la prioridad determinante a la cual supeditaremos nuestra lucha.
         No sólo buscamos erradicar  al sistema capitalista.  Queremos construir y practicar relaciones comunistas en la totalidad de nuestra vida de seres humanos. Como revolucionarios comunistas, no asumimos la necesidad de desarrollar las fuerzas productivas en sí mismas ni nos adaptamos a la evolución espontánea y natural de dichas fuerzas.  Nuestra responsabilidad reside en buscar la salida revolucionaria a la contradicción entre esas fuerzas y las relaciones de producción.

2.-     Como comunistas, no somos depositarios de una doctrina.  Lucharemos por ser parte orgánica del comunismo como movimiento real, entendiendo que (como dijera Marx)  “si la sociedad tal cual es no contuviera ocultas las condiciones materiales de producción y de circulación para una sociedad sin clases, todas las tentativas de hacerla estallar serían otras tantas quijotadas”.

         El comunismo no es mero proyecto intelectual ni una doctrina.  Es el movimiento real de los trabajadores asalariados, del cual pugnamos por ser constituyentes orgánicos.
         El comunismo está contenido en las mismas condiciones materiales en las que produce y vive el obrero y el pueblo trabajador, expresadas en la cotidiana resistencia al capital.  Brota y se gesta con esa resistencia, mediante el desarrollo de tendencias libertarias, autonomistas, clasistas independentistas y democráticas de las masas asalariadas.  El comunismo (como el movimiento real de negación subvertidora del capitalismo) no puede reducirse a un proyecto de sociedad ideal; se realiza en la medida que es construido y es reactualizado como propuesta  social en el interior del movimiento de masas.

3.-     El problema fundamental de la lucha por el comunismo es la cuestión del Poder Social pero no como toma ni como construcción del poder,  que constituyen, cuando menos un eufemismo pequeño búrgues, sino   en el sentido de su necesaria subversión y destrucción, que es y se realiza como la construcción de la autodeterminación social.

         Nuestros objetivos sociales y políticos así como las acciones que implementamos, en una palabra, el núcleo central de nuestro movimiento comunista se conforma como negación radical y superación definitiva de la ruptura y la disociación que tiene lugar en el proceso de producción y reproducción humana en el capitalismo mexicano. Se trata de la disociación entre la función de creación social, decisoria, de dirección, de dominio, control  y mando interno al proceso de producción (que recae en la burguesía) y la tarea de ejecución que se hace descansar en las masas trabajadoras.  Es la contradicción contenida en la enajenación del obrero y el pueblo trabajador, por la cual no sólo el objeto de la producción y la reproducción, sino  también los métodos y los medios para conseguirlos, sus sentidos y sus fines, sus ritmos y sus formas, el destino todo de la producción y reproducción, en grado creciente son determinadas por  una dirección que sin ser protagonista en el mismo proceso laboral está forzada a penetrar continuamente al interior de  esa actividad productiva, a dictarle todo,  determinando hasta los ademanes más elementales del productor directo.  La conducción, la capacidad, y el ejercicio decisional de la actividad humana por excelencia, en el interior mismo del proceso de trabajo, tiende a  ubicarse fuera del sujeto-artifice esencial de la actividad productiva directa, en una relación despótica a nivel fabril y de la sociedad mexicana en general como despotismo social.
         El fundamento de la perspectiva revolucionaria comunista en nuestro país, no descansa en la contradicción general entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, ni en las contradicciones objetivas contenidas en la pura economía capitalista.  No se sustenta en la incapacidad del sistema para satisfacer necesidades económicas del pueblo; no descansa en la pobreza, en el hambre o en la miseria económica en que viven las masas.  Pobreza, hambre y miseria económica no son más que otras tantas expresiones de aquel fundamento.
         Este fundamento reside en la necesidad en la que se encuentra el capitalismo mexicano de reducir a los trabajadores al papel de simples ejecutantes, y su imposibilidad de funcionar si lo logra; la necesidad de obtener simultáneamente la participación  (si los obreros y el pueblo no participaran en alguna medida,  en alguna medida el sistema se paralizaría) y la exclusión de los trabajadores en las determinaciones fundamentales de la producción, la exclusión de los ciudadanos en la política, la exclusión de los profesores y estudiantes en la educación, de los indígenas en sus comunidades, de los enfermos, médicos y enfermeras en la salud, etcétera.
         Esa es la contradicción que el capitalismo mexicano nunca podrá resolver, ni aun con reformas profundas, con la elevación del nivel de vida o con la superación de la propiedad privada, ni con la concentración total de los medios de producción en manos del Estado y la eliminación del mercado clásico. Esa es la contradicción que la toma o la construcción del poder  proletario no han podido ni podrán resolver.
         Este es el aspecto medular en torno al cual gira la cuestión del Poder: la pérdida de la capacidad de determinación de las masas trabajadoras sobre el conjunto de sus condiciones de trabajo y de vida y, en última instancia, de la organización y la conducción global de la sociedad mexicana, y el acaparamiento de la capacidad de mando y decisión por el capital.
         La solución de esta contradicción constituye el proceso de rescate histórico del papel protagónico y creador de las masas en el proceso social y específicamente en el proceso revolucionario, es el proceso de autopreparación y ejercicio real concreto de los trabajadores para hacerse cargo de la conducción de la sociedad mexicana contra la burguesía y sin ella, de autoaprendizaje en su propia práctica, para gobernarse a sí mismos, desplegando todas sus maneras de lucha; es la construcción de  la autodeterminación social  de las masas.
         Esta nueva  dirección de la sociedad se conformará en un largo proceso que empieza desde ya, contra el Estado y el poder social de la burguesía mexicana, que cristaliza como autodeterminación social en todo el proceso revolucionario.
         Se construye desde ya como práctica y ejercicio de autodeterminación de las masas y como construcción de políticas y de instancias alternativas a la conducción especifica de la sociedad por parte del capital. Se construye derrotando y quebrando cotidianamente la hegemonía, la legitimidad y el consenso burgués y construyendo una nueva hegemonía  proletaria-popular, una nueva legitimidad y un nuevo consenso proletario-popular; se construye,  asImismo, derrotando y quebrando la organicidad burguesa, la institucionalidad burguesa, la red de mando y dominio del capital sobre el proletariado y el pueblo todo: el ejercicio de prácticas libertarias, autonomistas y democráticas, a través de sólidos bastiones (Organizaciones Revolucionarias de Masas) donde el pueblo, con la ayuda del movimiento revolucionario, empiece a construir su “futura” sociedad ya ahora en el presente como socialidad autodeterminada actual; donde aprenda a regular él mismo su vida, se dé sus propias normas y valores de conducta y sus propias formas organizativas, proyecte sus propias manifestaciones culturales y se haga cargo de su propia defensa y su alzamiento como  masas que van  aprendiendo el despliegue de la estrategia de la no violencia.
         El proceso de extinción y disolución del Estado de nuevo tipo surgido de la revolución o,  cuando menos su acotamiento y dirección por el pueblo,  se va dando como construcción y  diseminación de sociedad autodeterminada.

4.-     Sólo una revolución social-política implicará y constituirá una ruptura definitiva del capitalismo.

         Las relaciones básicas entre el proletariado y el capital no se derivan sustancialmente de la dominación política burguesa.
         La burguesía mantiene políticamente, o sea mediante el poder de Estado, las condiciones de trabajo asalariado, de propiedad capitalista, de explotación y opresión, pero el Estado no ha creado dichas condiciones.  Antes bien, la supremacía política es uno de los productos de aquellas condiciones modernas de la producción en México.
         Asumimos, así, que los problemas fundamentales de las masas trabajadoras mexicanas serán atacados radicalmente hoy sólo en la perspectiva de una revolución social-política; que no basta para ello con una revolución puramente política que entrañaría la exclusiva destrucción del aparato jurídico-político-militar del capital, o sea,  la solución del poder como poder de Estado, para, en una segunda etapa, supuestamente  pasar a atacar las superestructuras sociales.
         La subversión del poder estatal de la burguesía debe tener como contenido un proceso de ruptura del poder social del capital y de construcción de la autodeterminación social de los productores directos en todos los ámbitos de la sociedad.
         Este proceso de ruptura de la dictadura del capital expresa la maduración de las condiciones materiales del movimiento comunista en el país, no sólo como creación de condiciones de destrucción del Estado y del poder social burgués, sino de construcción de una dirección social  proletaria y social, de la autodeterminación de las masas trabajadoras.
         Pero la subversión del poder político de la burguesía es una condición inexcusable en México para el curso revolucionario comunista.  Ante todo la destrucción de los contenidos  y las orientaciones antipopulares,  represivas, autoritarias del Estado,  el desmantelamiento de  todas las estructuras de dominio del Imperio en México y la construcción  de institucionalidad de autodeterminación social.
         El proletariado y el pueblo desencadenarán  revoluciones sociales y políticas, constituyéndose en una masa autodeterminada,  con la capacidad suficiente  para desmantelar al poder  represivo de la burguesía.
         Entendemos que la revolución social-política (como el camino de destrucción del poder político y social del capital y de construcción de la autodeterminación social) constituye un único e ininterrupido proceso histórico, acumulativo.  O dicho en otras palabras, la estrategia de lucha contra el poder contiene y determina la estrategia de lucha por el comunismo; la lucha por  el comunismo es un largo proceso ininterrumpido de lucha de masas contra el capitalismo y el imperialismo, el Estado burgués y las diferentes formas de control represivo y burocrático, ideológico y cultural, sexual y étnico, etcétera, de la vida social, alcanza un clímax con la abolición del sistema del trabajo asalariado, de la propiedad privada, de la explotación y opresión del hombre por el hombre.

5.-     El blanco de nuestra lucha es el  sistema del trabajo asalariado.

         Para nosotros, el problema fundamental de la revolución social-política es el Poder, centralmente como fractura de la disociación entre mando y ejecución y, básicamente, como recuperación por parte de los productores directos de su papel protagónico en la sociedad mexicana, la reconquista de la capacidad decisional y direccional de toda su vida, la plena determinación y mando de sus destinos.
         Para que una ruptura revolucionaria esté orientada en un sentido comunista no es suficiente con que destruya el existente aparato estatal de la burguesía, ni que reemplace la propiedad privada de los medios de producción por una propiedad estatal.  No es suficiente  tampoco con sustituir la dirección política existente del capital por una dirección fundada en la delegación del pueblo a favor de alguna nueva representación particular.
         Es preciso que se ataque centralmente, hasta lograr su abolición, no sólo al Patronato, privado o público, sino a todo el sistema del trabajo asalariado, núcleo esencial de las desigualdades, de los privilegios, de las opresiones y de la explotación.
         Es indispensable romper y destruir la relación despótica fabril que permea a la sociedad mexicana de conjunto, hacer retroceder al valor mercantil hasta llevarlo a su desaparición, sin lo cual todas las formas de opresión no podrán sino renacer incesantemente.

6.-     En la perspectiva comunista, no es el Estado la garantía del proceso de superación del capitalismo; ni guardián de la hegemonía proletaria y social en la perspectiva comunista.  La garantía descansa en las Organizaciones Revolucionarias de Masas potentes y autodeterminadas  en el pueblo.

         Con Marx, nosotros vemos en el Estado “la propia fuerza de los miembros de la sociedad oponiéndose a ellos, organizándose contra ellos”. Nunca es órgano de concertación total, arbitraje total o conciliación total.  En consecuencia, no podríamos ver en ningún Estado la palanca decisiva de la superación de la actual sociedad en México y la construcción de la nueva sociedad comunista.  La real y efectiva garantía se halla en las propias organizaciones sociales políticas de las masas trabajadoras, en su capacidad y ejercicio de autodeterminación, en su propia fuerza de masas, en fin, en la compleja diseminación  de la autodeterminación revolucionaria en el conjunto de la sociedad mexicana.
         Nos proponemos hacer descansar el proceso de superación comunista del capitalismo en un pueblo autodeterminado y en una sociedad civil fuerte, dueña de las funciones decisivas del mando social, con un Estado siempre  transitorio plenamente controlado por las organizaciones revolucionarias de masas, con una burocracia revocable y removible, ceñida a cumplir las decisiones de las  Organizaciones Revolucionarias de Masas, las que pondrán en práctica democracia directa, haciendo desaparecer cualquier privilegio social derivado del mismo Estado y  las jerarquías.
        
7.-     Propugnamos e impulsamos una subversión no vanguardista ni mesiánica  del poder burgués y una construcción  no vanguardista ni mesiánica  de la autodeterminación social  por el proletariado y todo el pueblo. Rechazamos por igual, el proceso de “ganar espacios”, entendido como la ocupación  gradual y la  transformación interna, de institución en institución,  del Estado burgués. A éste  hay que desestructurarlo, desmontar su régimen,  sus formas de realización y sus mecanismos, y constituir un Estado de nuevo tipo.

         Una lucha consecuente por el comunismo presupone tener siempre presente que la génesis y la manera como se abre paso y ve la luz una sociedad, son decisivas para aquello en lo que se transforma.  Lo que se siembra se cosecha.
         El fin comunista presupone medios comunistas.  Con las mismas herramientas que usamos para combatir y derrotar al capitalismo, construimos comunismo. Nadie podrá construir comunismo con medios autoritarios, excluyentes, intolerantes, monolíticos, de propuestas únicas.
         Así luchamos los comunistas.  Con la certeza también de que no toda lucha armada es revolucionaria, que no toda lucha antiburguesa es de contenido comunista, ni a cualquier tipo de derrocamiento y “toma del poder” hoy en México le es inherente un sentido comunista.
         Nosotros, no nos hacemos responsables del hoy nada más; no cargamos únicamente con la responsabilidad de destruir al poder burgués. También nos hacemos cargo de contribuir en todo lo posible a la construcción de una nueva dirección social, y respondemos por el día de mañana, de la conservación de esa conducción social por el pueblo, su profundización ininterrumpida a fin de que la revolución no le sea enajenada a ese pueblo. Queremos ser garantía  de sustentabilidad revolucionaria.  No olvidamos que todos los productos del hombre (incluida la revolución) pueden venirle alienados, y que debemos tratar de evitar aquello que Engels señalara: “Quienes se vanagloriaban de haber hecho una revolución, se dieron cuenta de que no sabían lo que habían hecho; vieron, en fin, que la revolución realizada en modo alguno se parecía a la que ellos habían querido hacer”.
         Rechazamos el camino “vanguardista” de “toma del poder” o “construcción del poder”, que se fundamenta en una especie de blanquismo (ideología burguesa de izquierda que refiere todo a la conquista del poder de Estado) y en la acción a través de una organización que se  concibe y desarrolla como el instrumento garantía de solución de los problemas revolucionarios.  Esta organización se estructura y mueve con criterios de eficientismo técnico; una vanguardia-aparato por la cual las masas son relegadas en su papel histórico protagónico y convertidas en simple fuente de reclutamiento, cuando  mucho de cobertura, protección y resguardo de  las instancias de aquel aparato, que irían creciendo hasta capacitarse para el enfrentamiento y derrota político-militar del aparato represor de la burguesía.
         Las organizaciones sociales de las masas, bajo este proyecto, se verían reducidas a simples correas de transmisión de los recursos de derrocamiento del aparato de Estado, se trabajaría en aquellas organizaciones del pueblo, se les apoyaría y fomentaría siempre y cuando sirvieran para hacer crecer al  grupo político  militar.
         Las organizaciones sociales, así, deberían ceñirse a modelos elaborados por el grupo-vanguardia, el que buscaría desarrollarlas si es necesario al margen y hasta mediatizando las formas de autoorganización de los propios trabajadores o su organicidad.
         La espontaneidad, bajo un proyecto de toma del poder  o de construcción del poder, no conllevaría una condición necesaria y esencial de la emancipación propia; sólo sería reconocida y asumida como experiencia útil para que las masas se convenzan de que su salvación está en seguir las directrices y orientaciones de la “vanguardia”, dueña de la verdad y de las claves secretas del progreso social.
         Evidentemente, un proyecto de este talante refleja y conlleva  en el fondo una profunda desconfianza hacia las masas y la militancia de base, las que suelen ser manipuladas con escasas diferencias a como lo hace el PRI.
         Este camino ignora que una lucha comunista auténtica no pretende suprimir la dominación de una clase para entronizar la de otra (aun tratándose de la clase obrera), no busca reemplazar a un Estado por otro que se eternizaría en su existencia.  Una vía “vanguardista” no forja condiciones para que la revolución se realice en la perspectiva comunista, es decir, como la revolución de una clase y un pueblo  que desde el momento de su triunfo entra en un proceso ininterrumpido de supresión en tanto que clase; una revolución hecha con la ayuda de instrumentos – sobre todo las organizaciones ciudadanas y sociales--  que derrotan al aparato burgués y a las relaciones sociales burguesas,  organizaciones sociales que cada vez asumirán  mayores funciones sociales  de conducción  sociopolítica de México ahora usurpadas a la sociedad civil.
         Nosotros no luchamos por el poder para una vanguardia ni  para el pueblo, ni para nadie. Luchamos contra todo tipo de poder. Luchamos  para que las masas construyamos nuestra  autodeterminación, ejerzamos libertad, autonomía y democracia directa; que el pueblo regule él mismo su vida, se dé sus propias normas de convivencia y sus formas organizativas, proyecte sus propias manifestaciones culturales y se haga cargo de su propia defensa y alzamiento.
         En su proceso de lucha contra el capitalismo, las masas aprenden a gobernarse a sí mismas, desplegando múltiples maneras de lucha.
         La preparación y la realización de este proceso, sustentan el contenido de la línea de autodeterminación de las masas, como método de solución emancipatoria comunista de las contradicciones fundamentales del capitalismo.  Este método parte de un doble reconocimiento:  a).- Que el comunismo es necesario para negar y superar al capitalismo y b).- Que en la sociedad capitalista mexicana están contenidas las condiciones que engendran al comunismo como posibilidad real.

8.-     El proceso revolucionario y la revolución social-política que erradicarán al capitalismo de México son proletario mundiales por su significación esencial y nacionales en su expresión y forma.

         En las luchas del proletariado mexicano, de todas las masas trabajadoras y de todas las minorías oprimidas, destacamos y hacemos valer los intereses comunes de aquéllos con el proletariado mundial.  Pero siempre tenemos presente su expresión nacional.
         La revolución proletaria  y social es una exigencia mundial, porque el capitalismo ha conquistado al  mundo, homogenizando a la burguesía como clase.  Pero esta mundialización del capitalismo no logra dar esa homogenización al proletariado, sino todo lo contrario. La opresión clasista en México, en consecuencia, tiene una forma nacional.  La opresión que aquí se sufre es de clase, pero también es étnica, es cultural, es de sexo, de edad; es también nacional.
         La revolución social-política triunfará en nuestro país si los revolucionarios logran descubrir y agudizar las contradicciones sociales cristalizadas en sentimientos, tradiciones e ideales nacionales revolucionarios.  Estas constituyen el motor de la lucha popular y el fundamento de articulación de grandes movimientos de masas con voluntad de autodeterminación.
         Esto significa, por ejemplo, reconocer que nuestra estrategia revolucionaria se integra con la perspectiva revolucionaria mundial, pero lo hace como estrategia concreta, nacional; que el camino de la conciencia política y social revolucionaria siempre es predominantemente nacional; que la clase obrera será hegemónica si logra identificar su interés inmediato de clase con los intereses de las grandes mayorías del conjunto de  nuestra sociedad; si asume su identidad de clase social nacional y conforma con su acción un “sentimiento nacional popular” de cambio revolucionario; y si, desde un eje proletario y comunista logra efectuar una síntesis de diferentes prácticas del conjunto del pueblo mexicano.
         Nuestro movimiento expresará intereses sociales (antiburgueses, antiimperialistas, etcétera) coincidentes con la realidad histórica de una sociedad mexicana libre y soberana.
         La sociedad mexicana libre y próspera será imposible sin resolver la cuestión nacional; el comunismo será la misma realización de la nación.  Y esto deberá implicar:
         a).-    El reconocimiento de las especificidades del capitalismo en México y de la lucha de clases en este país, de una matriz nacional popular de resistencia. Aquí hay un patrimonio específico de experiencias, hay una cultura específica, hay un orgullo y una dignidad particulares de la clase obrera y del pueblo mexicano, hay matrices histórico culturales y tradiciones político nacionales.
         b).-    El reconocimiento de expresiones emancipatorias culturales, psicológicas o  nacional-independentistas que bullen en la conciencia social del pueblo mexicano y se manifiestan  de formas diversas. En las revoluciones que han realizado los mexicanos en su larga historia,  se han presentado recurrentemente  una serie de comportamientos y de circunstancias que  procediendo como dinamos, acicates o auspiciadores, han conformado  cuasiregularidades social-político-culturales. Fenómenos como  lo que en la historiografía suele llamarse la bola o la presencia recurrente  de símbolos movilizadores y aglutinadores  de la combatividad y decisión de lucha de las masas, han sido dominantes o recurrencias sociopolíticas de alto significado que siempre  conviene  tener presente.

9.-     El comunismo que es el México libre, autónomo, independiente, democrático y próspero no requerirá una fase de transición o lo que en la ortodoxia suele llamarse la “sociedad socialista basada en la dictadura del proletariado”.
        
La “dictadura del proletariado” en el  fondo significa y significará la realización y el ejercicio pleno de  otro dominio, control y mando monopolizado y excluyente.  Con ella, el pueblo no será autodeterminado,  no se  dirigirá él mismo, no detentará ni guardará en sus manos todos los atributos e instrumentos de la conducción  social,  y  el  poder será monopolizado por “nuevos” poderosos; el pueblo  seguirá sufriendo el poder que se ejercerá en su nombre.
         La “dictadura del proletariado” en México no será la República de las Organizaciones Revolucionarias de Masas, no significará la normativización de toda la vida social a partir de las Organizaciones Revolucionarias de Masas para asegurar la conducción, dirección y la participación directa de los trabajadores, la elegibilidad de todos los funcionarios, su revocabilidad, la rotatibilidad en los puestos de responsabilidad, el establecimiento de un salario para los funcionarios nunca superior a la de un obrero común y la desaparición de los privilegios sociales derivados del poder. Todo lo contrario, será una nueva dictadura, esta vez la dictadura de los “revolucionarios” que tomaron el Poder para gozar de sus privilegios.
         La “dictadura del proletariado” se sustentará en un régimen político de ausencia plena de los derechos humanos y de derechos políticos decisivos como son el derecho de huelga, de libre organización social de las masas, incluido el derecho a organizarse en partido político  diferente y en oposición al partido “comunista”; será  la dictadura del proletariado con un sistema de partido único.  La dictadura no sostendrá la libertad de opinión y expresión, de tránsito y salida del país.  No garantizará a todos los miembros de la sociedad la libertad de publicar  sus opiniones, separando las discrepancias del delito, no se expresará a través de la más amplia red de Organizaciones Revolucionarias de Masas, armadas y autodeterminadas,  las cuales decidirán la construcción y sostenimiento de instancias militares y jurídico-políticas regulares.  La dictadura  no se ejercerá para asegurar plena libertad étnica, sexual, juvenil y lograr que las masas trabajadoras autodeterminen sobre el uso de los recursos naturales y ejerzan determinación plena sobre sus condiciones de salud, vivienda, espacio,  territorio, educación, cultura, etcétera.  Pero, básicamente esa dictadura no favorecerá que los trabajadores alcancen  determinación  plena de sus condiciones de trabajo y producción y completa propiedad social sobre los medios fundamentales de producción, a fin de alcanzar un alto desarrollo de unas fuerzas productivas que contengan el sentido de superar la enajenación del trabajo y una evolución económica adecuada de la sociedad para que lo que se “generalice no sea la escasez” y una correspondiente evolución cultural.
La dictadura del proletariado mexicano, será la violencia organizada del Estado de los que a nombre de la revolución enajenen la revolución,  una violencia  dirigida contra los disidentes  y contra todo el pueblo. La superestructura  de esta Dictadura no será  democrática  ni su esencia social humanista porque recupera y construye a un México con relaciones propias al ser genérico humano del que hablara Marx, un mexicano libre con determinación plena de todas sus condiciones de vida.

La vigencia de una sociedad prospera y autodeterminada será determinada por un conjunto de circunstancias previsibles e imponderables.  Pero siempre estará cruzada por tendencias y necesidades que ya Marx avisorara cuando apuntaba que “una formación económica de la sociedad no desaparece jamás de la escena histórica hasta tanto no se hayan agotado todas sus posibilidades de desarrollo” y,  por otra parte, cuando decía que “el comunismo sólo es empíricamente  posible “de una vez” , y simultáneamente como obra de los pueblos dominantes”, es decir, como proceso liberador histórico mundial.
Reivindicamos a las Organizaciones Revolucionarias de Masas como el fundamento central y permanente de la  sociedad prospera y autodeterminada en México, sin olvidar jamás que si bien las organizaciones son históricamente necesarias, socialmente son coyunturales (por las formas que adoptan; cambian de acuerdo a las circunstancias).

10.-   Reivindicamos la globalidad de nuestra práctica política, como despliegue de un movimiento revolucionario único, nacional y de clase.

         Concebimos a nuestra lucha como un proceso fundado en una voluntad de resolver la cuestión del poder social como un proceso de su subversión, de combate y forja simultánea de libertad, autonomía, independencia y democracia proletaria y social.  Con esa lucha, buscamos incorporar al movimiento revolucionario de masas las demandas de todas las clases y sectores y minorías  oprimidos de la sociedad (obreros, campesinos, jóvenes, étnias, mujeres y todos los excluidos) las aspiraciones democráticas y progresistas de los defensores de los derechos humanos, los ecologistas, los antibelicistas, los gays, las lesbianas, las prostitutas y todos los oprimidos,  así como los esfuerzos para promover una nueva cultura popular y democrática.  Esto significa que buscamos articular en una única voluntad de autodeterminación social y  nacional, a todas las plataformas de lucha, a todas las organizaciones social-políticas, a todas las instituciones que el pueblo construya o recupere para ejercer capacidad decisional. 
11.-   Las masas trabajadoras son la fuerza motriz de la historia, como articulación activa de la objetividad y la subjetividad social.

El cúmulo de transformaciones sociales que requiere nuestro país expresan el conjunto de necesidades vitales y radicales de las amplias masas trabajadoras.  Estas necesidades se realizan y podrán satisfacerse plenamente a partir de la masa de trabajo,  de producción, de la plétora de consumo y realización que llevan a cabo esas grandes masas populares.  Son los grandes conglomerados de trabajadores, los que, con su acción maduran los procesos cuantitativos y  cualitativos de cambio y en sus manos está la condicionalidad material y político-subjetiva de construir un México libre de  opresión y explotación del hombre por el hombre.  Los trabajadores son creadores permanentes de subjetividad opuesta al capitalismo.  Ahora bien,  el papel de fuerza motriz de las masas trabajadoras para realizar el comunismo,  puede ser cumplido sólo por masas en resistencia y  en combate, no sólo por  una supuesta situación ontológica
        
12.-   La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.

         La realización de las necesidades radicales de los trabajadores mexicanos es el proceso de su plena emancipación de toda opresión y explotación, como el propio movimiento de ellos mismos, como un automovimiento acicateado y gestado por las mismas contradicciones contenidas en la producción, en la reproducción y el la vida toda de los propios trabajadores.
         Nadie salva a nadie.  El pueblo se libera y emancipa sólo a través del desarrollo de su espontánea resistencia al capital, de la agudización de su propio instinto hacia la emancipación plena y auspiciando y promoviendo a sus propios dirigentes y básicamente a los revolucionarios comunistas organizados en una vanguardia capacitada para dirigir el propio movimiento emancipatorio espontáneo del pueblo mexicano.
         Las propias masas, a través de su propia práctica histórica, en el curso de la lucha de clases,  transforman la realidad social, van apropiándose de ella, y, por ende,  van aprendiendo así a conocerla y transformarla.  Las masas conocen la realidad y se capacitan para transformarla a partir de su propia práctica histórica, y la coadyuvación de la vanguardia socio-política.

13.-   El proletariado puede ser  la clase y la fuerza de vanguardia social en la lucha anticapitalista de emancipación comunista, es decir sólo cuando en los hechos  dirige; no lo es sólo a partir de un supuesto lugar  en la producción, sino cuando desde éste lugar actúa con subversión.

         El proletariado mexicano es una clase que cuenta con condiciones materiales para encabezar la lucha total anticapitalista de emancipación comunista, en virtud de que él es el proceso de producción, COLECTIVISMO en el proceso laboral, IGUALITARISMO Y FRATERNIDAD frente al despotismo fabril y la dictadura del capital en la producción y reproducción social en el país. Pues cooperación colectiva, sobre fundamentos de igualitarismo, democracia y fraternidad es la relación determinante del comunismo.  El proletariado es todo eso también porque carece de propiedad privada y de interés clasista que lo empuje hacia ese tipo de propiedad. Pero esta condicionalidad ontológica  debe hacerse movimiento, actuación, resistencia, subversión en actos.
         También por esta circunstancia, el proletariado no sólo se liberará a sí mismo, sino al conjunto de los explotados y oprimidos por el capital. Ahora bien,  esta situación no le otorga un título  de vanguardia, el cual se ejercería  en toda circunstancia. Ese papel  lo desempeña  cuando realmente está alzado en el combate histórico. Otros sectores sociales excluidos y oprimidos también pueden hacerlo.

14.-   Para que el proletariado pueda realizar esa posibilidad de vanguardia social-política debe organizarse y luchar con autodeterminación, estructurarse como vanguardia social política y ejercer hegemonía social-política  revolucionaria.

         El proletariado mexicano podrá dirigir al proceso emancipatorio si resiste, lucha y se organiza con autodeterminación, es decir, con conciencia de clase o libertad proletaria, con autonomía proletaria, lo cual significa y presupone contar con un proyecto alternativo propio frente y contra el proyecto de conducción social que ejerce el capital; un proyecto de nueva sociedad mexicana como proyecto alternativo-programático de un México conducido y dirigido por sus propios trabajadores.  Debe, en tercer lugar, luchar y organizarse con ese proyecto alternativo libremente construido bajo una perspectiva comunista, o sea, bajo la certeza de que no hay solución  radical a ningún problema fundamental  del pueblo mexicano que no sea la solución de la clase obrera y todos los oprimidos: el comunismo.  Y, por último, autodeterminación significa que el proletariado y el pueblo mexicano tengan capacidad y condiciones,  tengan fuerza de masas para sacar adelante aquel programa alternativo construido libremente y desde una perspectiva proletaria y popular.
         El proletariado requiere también ejercer hegemonía social en la lucha por el comunismo.  Esto significa un doble requerimiento.  Por un lado, ser capaz de dirigir y conducir en un torrente único y mediante alianzas históricas, a todo el conjunto de fuerzas sociales contrarias al capital en cada fase histórica.  Por otro lado, el proletariado debe capacitarse para hacerse cargo de la conducción social del México liberado.
         El proletariado no podrá realizar ninguno de estos requerimientos si no destaca desde su seno y en la propia resistencia al capital sus revolucionarios profesionales que se organizan en una forma específica  de lo que se ha llamado  vanguardia social-política.

15.-   La lucha contra la burguesía debe desarrollarse, simultáneamente, en todos  los terrenos. La revolución comunista es una multiplicidad de minirevoluciones que se integralizan en el movimiento comunista transformador de la sociedad mexicana.

         Si bien es cierto que el proceso revolucionario anticapitalista no es lineal, requiere que se le realice con simultaneidad en todos los ámbitos y dimensiones de la lucha de clases; en el proceso de trabajo, en la educación, salud, uso del espacio territorial, de los recursos naturales, de la religión, de la cultura, de la etnicidad, de la sexualidad, de la problemática de edad, la psicológica, la vivienda, la comunicación social, etcétera.
         Este proceso debe desarrollarse sobre la necesaria unidad entre acción reivindicativa parcial y lucha por la autodeterminación; sustentado también en el despliegue multifacético de formas de lucha. Ahora bien,  esa simultaneidad no significa que la subversión del conjunto  del sistema capitalista se dé en una unidad temporal. Ella será una realidad a partir de la subversión revolucionaria del poder del capital en cada una de las dimensiones, y todas en conjunto, de la existencia del capitalismo,  lo cual puede presentarse en diferencias de tiempo.

16.-   Cada sector oprimido debe tomar en sus manos la lucha por su emancipación, bosquejando y planteando su propia contribución al proyecto alternativo de un nuevo México.  Si una contribución específica se pierde, por la razón que sea, el proyecto comunista se verá empobrecido.

         El conjunto de clases y sectores sociales que se oponen al capital en la perspectiva de erradicar la opresión y la explotación es múltiple y variado, como múltiples y variadas son sus posibilidades  liberadoras y contributivas de cada quien.
         Cada sector, en consecuencia, debe desplegar la propia resistencia y el proceso autoemancipatorio, entendiendo que sólo el pueblo emancipa al pueblo.  El proletariado mexicano no podrá ejercerse como clase y fuerza social hegemónica si el campesinado, y los intelectuales, las mujeres, los indígenas, los jóvenes, las lesbianas, los gays, los pequeños productores, los desempleados, etc., o sea,  el conjunto de sectores del pueblo,  no despliegan su propio proceso emancipatorio y, con ello, su grano contributivo al Programa Alternativo para un México liberado de opresión y explotación.
         El comunismo tiene como eje de realización la autoemancipación proletaria.  Pero la clase obrera no es toda la sociedad mexicana, ella no agota a toda la realidad de este país.  El campesinado, los jóvenes, los estudiantes, los intelectuales, nuestros indios, nuestras mujeres, gays, lesbianas,  todo el mexicano oprimido por el capital en la esfera de la reproducción social, todos los trabajadores de la cultura, de la religiosidad popular, son y serán artífices del México comunista el cual vería su perspectiva empobrecida con la ausencia de cualquiera de aquellas contribuciones sociales.

17.-   La alianza  histórica fundamental con la que se edificará la hegemonía proletaria en México será la alianza obrero-campesina, y de todas las minorías excluidas por el capital,  la cual determina la alianza histórica entre marxistas y teólogos de la liberación y combatientes, teóricos de la emancipación étnica en multiformidad y diversidad regional y el pensamiento ecológico libertario, ético comunista, de una culturalidad de autodeterminación, etc.

         La construcción de la independencia proletaria del proceso anticapitalista en México no podrá lograrse ni sostenerse si no está fincada en una sólida y duradera alianza de la clase obrera con el campesino pobre mexicano y todos los excluidos por el capital.
         Ahora bien, dado que históricamente el problema campesino y el problema de los excluidos en nuestro país es un problema de dominio burgués del trabajo campesino, de la vida de las minorías, es un problema étnico, un problema religioso, un asunto regional, aquella alianza, por tanto debe traducirse en la sólida unidad entre los proletarios, los campesinos y las minorías oprimidas  como reveldes, como combatientes de la emancipación étnica, como teólogos de la liberación,  como ecologistas, como ciudadanos que votan y son votados por una opción anticapitalista o democrática reformadora, como luchadores  por los derechos fundamentales y de sector, fundidos en un acerado haz organizativo, político e ideológico que puede realizarse en la gran diversidad regional de la economía y la vida mexicana  de conjunto.
        
18.-   El movimiento emancipatorio, de autodeterminación y de construcción de fuerza político-combativo de masas, tiene su centro de acción básico en la unidad de producción.  Pero debe estar presente y englobar a todas las dimensiones de la reproducción y de la lucha de clases.

         La unidad productiva es la cuna y el asiento fundamental de la contradicción entre el ejercicio de mando-decisión y ejecución, es el núcleo básico del trabajo enajenado, de la opresión y explotación.  Ahí debe centrarse y priorizarse el principal trabajo emancipatorio.  Hoy, sin embargo, queda más evidente que esa relación de despotismo se socializa, convirtiendo a cualquier ámbito en  lucha capital-trabajo, por ejemplo, a lo que suele llamarse los servicios.  En consecuencia, el proceso emancipatorio debe rebasar la dimensión obrerista, para asumirse como lucha de un proletariado social y del conjunto de los movimientos minoritarios y emergentes que tienen lugar en la sociedad mexicana.

19.-   El internacionalismo proletario es un atributo fundamental e inseparable de la lucha anticapitalista en la perspectiva comunista.

         La clase obrera y todos los trabajadores del país se irán forjando como fuerzas anticapitalistas de emancipación comunista, al tiempo que  se relacionen con las luchas de los trabajadores del mundo,  pongan en práctica una política de solidaridad y apoyo internacionalista hacia los obreros, los pueblos y las minorías oprimidas de toda la tierra.
         Luchamos por la hermandad revolucionaria, por la paz mundial, contra el terrorismo,  contra el colonialismo y el racismo, contra la prostitución mundial, contra el narcotráfico con todas sus secuelas, contra todo el comercio mundial expoliador.  Son nuestros los sueños y las acciones ejemplares de Bolivar, de Marti, de Sandino, del Che y Miguel Enriquez, Santucho y Farabundo, para abrir curso a un proceso continental de emancipación latinoamericana.  Sentimos en especial la unión fraterna con el proletariado norteamericano y el pueblo todo en E.U., con sus negros y sus chicanos, con todas sus minorías oprimidas.


NUESTROS PRINCIPIOS EN LA ACTIVIDAD TEÓRICA

20.-   Reivindicamos al Marxismo-Leninismo como una de  nuestras guías de interpretación y cambio revolucionario, conforme a las necesidades y a los intereses clasistas e internacionalistas del proletariado y del pueblo mexicano. Pero rechazamos al pensamiento único. Al marxismo debemos unir  todos los pensamientos y las perspectivas emancipatorias y revolucionarias que permiten aprehender, explicar, interpretar y subvertir al orden de opresión y explotación.

         El marxismo nos permite fundamentar, mediante la comprensión científica de las contradicciones del capitalismo mexicano, la necesidad y la viabilidad histórica de su erradicación definitiva en la perspectiva de un México libre, soberano, independiente, democrático y próspero.
         Reivindicamos el marxismo-leninismo con la responsabilidad y la rigurosidad que de ello se desprende.  Lo reivindicamos porque:

         a).-    Conocemos a fondo y  críticamente usamos las claves de las teorías del mismo Marx y del mismo Lenin y sus concepciones paradigmáticas  sobre capitalismo; no de sus ideologizadores ni de sus propagandistas; y

         b).-    Nos reservamos la posibilidad y el derecho a adaptarlo a la realidad cambiante, a modificarlo  y a rechazar algunos de sus postulados en función de esa realidad, guiados por las enseñanzas concepcionales y metódicas del mismo Carlos Marx.
         Asumimos, sin cortapisas de ninguna índole, que la primera tarea de los  revolucionarios es conocer a la sociedad donde vivimos, a sus masas  y, particularmente, comprender efectivamente lo que es nuestro proletariado, los problemas fundamentales que le permiten o le impiden ser una clase revolucionaria.
         c).-  El desarrollo de la lucha de clases ha permitido la construcción  de muchas contribuciones teóricas sobre el capitalismo que también son claves metódicas y concepcionales para la subversión  del capital.

21.-   El marxismo y todos los pensamientos revolucionarios no son un dogma; son  una guía para la acción.

         Se hacen y se desarrollan permanentemente, recogiendo y profundizando la experiencia y los aportes de la lucha y la resistencia de las masas en su acción multifacética.  Su carácter transformador y permanentemente crítico se conserva con su constante enriquecimiento y puesta al día de los problemas concretos de la lucha de clases concreta.  El marxismo y todos los pensamientos revolucionarios, no son antirreligiosos por naturaleza. Lo son, frente a la religión de la opresión y la explotación.  Pero se hermanan críticamente con la teología de la liberación, como una concepción de la vida sin esos pecados capitales que son la explotación y la opresión del capital.
         La salvación por la que ofrendó Cristo su vida y la emancipación que guió al Che hasta su muerte en tierra boliviana, en el pensamiento comunista están ubicados en el mismo plano.  Ser hoy de pensar comunista en México, es ser también un fiel y consecuente seguidor y cumplidor de la palabra de Jesucristo.
         Pero el marxismo se enriquece también abrevando y hermanando críticamente con el ecologismo liberador del uso capitalista de los recursos naturales, y con todas aquellas concepciones de movimientos monotemáticos y minoritarios que son trincheras de resistencia frente al capital.

24.-   La realidad capitalista en movimiento contiene la exigencia de una permanente reconstrucción del marxismo y de todo el pensamiento revolucionario en virtud de que éstos son también teoría acumulada de dicha realidad.

         El marxismo y todo el pensamiento revolucionario no pueden permanecer estáticos; como un credo.  A medida que se presentan cambios esenciales en la lucha de clases, y sobre todo, en el mismo movimiento obrero, el marxismo y todo el pensamiento revolucionario, se alteran consecuentemente y se niegan a sí mismos para desplegarse positiva y constructivamente.

25.-   El marxismo y todo el pensamiento revolucionario implican la crítica despiadada de todo lo existente, sin retroceder ante sus propios resultados y sin temor a entrar en conflicto con los poderes establecidos.

         El marxismo es revolucionario como teoría permanentemente crítica, que exigiría que así como Marx examinó a Ricardo y a Hegel, el mismo Marx sea examinado;  al igual que sus mejores seguidores como Lenin, Trotski, Lucaks, Gramsci, Mao Tsetung, etc.

26.-   La teoría, incluyendo al marxismo, nunca se realiza en un pueblo sino en la medida en que es la realización de las necesidades de éste.

         No basta que el pensamiento aspire a realizarse; la realidad misma debe aspirar al pensamiento.  La teoría se convierte en una fuerza material cuando se apodera de las masas.
         Para el marxismo, si los seres humanos, es decir, el sujeto del pensamiento y de la acción son a su vez producto de las relaciones de producción que constituyen el objeto         de ese mismo pensamiento y de aquella misma acción, y si dichas relaciones de producción (el objeto) son también producto del sujeto (la praxis de los seres humanos), resulta imposible separarlos radicalmente y oponerlos uno al otro.
         El sujeto de cambio, por lo demás, no se concibe como individuo, sino como colectivo, que actúa y conoce al mismo tiempo.

27.-   Lo que cambia a la realidad no son las ideas solas; es la acción que incluye a las ideas.

         Es en la práctica donde el ser humano debe probar la verdad, la realidad, el poderío y la terrenalidad de su pensamiento.  La discusión sobre la realidad o irrealidad del pensamiento es escolástica.
         El criterio de la verdad de un pensamiento reside en la práctica y en la posibilidad de transformar el mundo.  El marxismo es la unidad de la teoría revolucionaria y de la praxis revolucionaria de la clase obrera y de las minorías oprimidas.

28.-   La única alianza que permite al marxismo ser una teoría revolucionaria es su comunión orgánica con la política revolucionaria.

         El marxismo avanza y se fortalece como teoría revolucionaria, cuando los teóricos marxistas son al mismo tiempo políticos revolucionarios prácticos.  El marxismo es teoría revolucionaria desplegada como política revolucionaria, en la medida en que nunca olvida la coincidencia entre la modificación de las circunstancias y la misma entera actividad humana.  El educador, dice Marx, necesita a su vez ser educado.
         Para el marxismo existe una identidad parcial de sujeto y objeto.  En las mismas contradicciones del capitalismo, Marx encuentra la perspectiva de cambiarlo.  Por eso, a diferencia de los pensadores de la ilustración y de los “marxistas” mecanicistas, el marxismo rechaza la idea de una intervención exterior para fundamentar la posibilidad y la esperanza de cambio.  El marxismo no admite la existencia de dos categorías de seres humanos: unos pasivos, producto de las circunstancias, carentes de toda influencia efectiva por si mismos sobre las transformaciones históricas (una clase obrera, tradeunionista por su propio movimiento y dejada a su suerte), y otros, luna minoría de hombres libres y actuantes sobre la realidad para transformarla.
         En el marxismo, el movimiento social es automovimiento, y el automovimiento social en combate es pensamiento revolucionario.

29.-   El marxismo considera una necesidad la existencia de pensadores que piensen en la posibilidad de la revolución y argumenten su viabilidad. Pero nunca olvida que lo importante es cambiar al mundo de una manera revolucionaria.

         El marxismo es necesario e históricamente válido sólo como teoría de una necesidad y de una posibilidad revolucionaria del capitalismo.  No tiene pretensiones de ser teoría de todo el desarrollo social y de todos los problemas de cualquier sociedad.  Menos se concibe a si mismo como perenne e inagotable.
         Es, como el mismo capitalismo, perecedero.



PRINCIPIOS EN LO ORGANIZATIVO


30.-   La organización social y política es un requerimiento de la propia lucha del pueblo.

         La organización no existe ni se da separada y al margen de la lucha de las clases, la cual se expresa por sí misma como organicidad  Es, por el contrario, un momento de su existencia real. La organización tiene que darse sobre la base de la organicidad que es inherente al pueblo en su propia resistencia.
         La resistencia popular es un elemento permanente en la vida social, y se expresa en organicidad permanente de muy diversas maneras.
         La misma organización de vanguardia se constituye en un problema real y se construye en los hechos, porque la clase obrera y el pueblo tienen necesidad de ella.
         El verdadero resultado de las luchas de los obreros es su unión cada vez más extensa.
         Esta unión es propiciada por el crecimiento de los medios de comunicación creados por la gran industria y por la producción de la vida en general; esos medios ponen en contacto a los obreros de distintas localidades y países. Y basta ese contacto para que las numerosas luchas locales, que en todas partes revisten el carácter reivindicativo-sectorial, se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases.  Mas toda lucha de clases es una lucha política, esto significa que la autoorganización del proletariado en clase o su organicidad desarrollada es, por tanto, su organización política.

31.-   La organización social y política del pueblo y de la clase obrera siempre es una organización históricamente determinada.

         No existe un modelo universal  de organización, y todo intento por erigir alguna experiencia y alguna teoría de cierto país y de determinado dirigente, en una teoría universal, no pasa de ser una renovada práctica positivista llamada a causar daño, en la medida que esteriliza al esfuerzo creativo de construcción de la organización necesaria, y está llamada a devenir secta árida.
         En la organización concreta, el proletariado y el pueblo expresan sus problemas y sus características concretas.
         Los comunistas jamás sujetan la acción política de la clase obrera y del pueblo a una forma organizativa preestablecida.   Negamos que exista ya una teoría elaborada del partido, y que de lo que supuestamente se trataría es adaptarla a México.
         La organización de vanguardia debe responder a las características generales y particulares de nuestro país, de su formación social, de su estructura de clase, a la propia historia y tradición de lucha del movimiento obrero y popular, a su grado de madurez política, a su cultura, a su idiosincrasia en un cuadro mundial concreto de lucha social y de clases.

32.-   La determinación más decisiva de lo organizativo, es lo político.

         Lo organizativo siempre se realiza como la organización de una política determinada, aun cuando esto no llegue a expresarse claramente.  Lo organizativo es siempre, de una u otra manera, organización de acciones y actitudes que giran en torno a relaciones de fuerza.
         La organización de una política revolucionaria es la organización de una política desde la perspectiva de las masas.  Son, entonces, los problemas concretos de ejercicio del poder sobre las masas y los problemas que éstas enfrentan para  construirse como poder social político, las condiciones que imprimen fisonomía y especificidad real a la organización.
         Ninguna organización es revolucionaria independientemente de su enraizamiento en las masas, al margen de la resistencia real de éstas ni al margen de la composición social de su militancia.
         El problema de la construcción de la vanguardia no es centralmente organizativo; es esencialmente político, responde a una concepción política y a un método de hacer política.  Construir y desarrollar una vanguardia implica construir y desarrollar una línea revolucionaria de masas, una línea montada sobre un proyecto de subversión del Poder y de construcción de autodeterminación social.

33.-   Los distintos niveles y dimensiones en los que se dan las acciones y actitudes en torno a relaciones de fuerza, definen niveles diversos de la organización de la resistencia proletaria y popular.

         Los niveles de la organización proletaria y popular son multiformes y nunca se presuponen uno a otro ni se desarrollan en un orden predeterminado.  Un nivel de organización natural esta siempre presente como simple organización de la resistencia de la vida humana del pueblo, de sus tradiciones y costumbres, de todo el conjunto de relaciones de identidad social, cultural, psicológica, lingüística, de propia cosmovisión.  Este nivel se expresa en México en las fiestas populares, de barrio y de comunidad, fiestas del Santo Patrono o festividades patrias; se realiza como los trabajos colectivos, como deporte llanero, excursiones y peregrinaciones.  Siempre como resistencia puntual frente al predominio arrollador de la sociedad mayor, la sociedad capitalista.
         Un nivel de organización gremial, reivindicativo-sectorial se da en la resistencia de los distintos sectores y destacamentos de los que se componen la clase obrera y el pueblo que se conciben a sí y luchan como gremios.  Es casi siempre la organización de la resistencia “parcial” y “económica” de sectores populares, como las cajas mutualistas, de ahorro y como los sindicatos, las reuniones ejidales, las cooperativas.
         Un nivel de organización social-político se caracteriza por dos circunstancias centrales:

         a).-    Une a varios sectores de clase o de varias clases, en una coordinación relativamente masiva;
         b).-    Incorpora demandas relativamente más políticas, más francamente confluyentes hacia la cuestión de la subversión del poder.

         La Organización Revolucionaria de Masas (ORM) es el nivel más definitivamente político de relativamente grandes coordinadoras de masas que traducen, aún germinalmente, grandes alianzas históricas, como la de la clase obrera y el campesinado, la de los productores del trabajo, de la ciencia y de la cultura.  Son la organización de la representatividad y de la autodeterminación social  proletaria y popular; la expresión orgánica de la nueva institucionalidad y de la nueva legitimidad y hegemonía proletaria y popular.

34.-   La organización proletaria y popular es un sistema complejo de aglutinamientos de la resistencia en las distintas dimensiones de la lucha de clases.

         La lucha de clases no se da solamente en el proceso directo del trabajo; también en todas las dimensiones de la reproducción social, como organización de la lucha específicamente étnica, específicamente ecológica, educativa, religiosa, juvenil, sexual, de edad,  etcétera.
         La organización específica de cada una de estas dimensiones de la lucha de clases, no revela de por sí ni gremialismo ni economicismo.  Ese carácter le da su orientación política.

35.-   La organización revolucionaria por su contenido es única, nacional y de clase.

         El ser organización de un movimiento único, nacional y de clase, constituye uno de los fundamentos centrales de su carácter revolucionario.  Esto significa que se opera como la organización de una específica centralidad de las distintas luchas y organizaciones de las masas, con unidad de plataformas de lucha en un programa social- político general, como un proyecto nacional y coherente de impugnación y subversión al capital, a su conducción de la sociedad mexicana.
         Se produce y se construye el aglutinamiento bajo el método proletario de la autodeterminación; el conjunto de todas las acciones se hace depender de la lucha contra el poder como un problema socio- político del conjunto de la sociedad mexicana.

36.-   El problema de la vanguardia política del proletariado es el problema de la revolución concreta que está madura en un país.

         En última instancia, la vanguardia política del proletariado es la organización de una dirección del cambio revolucionario del país.  Es entonces, el conjunto de problemas que enfrenta una revolución concreta, lo que da sentido y fisonomía a una vanguardia.  Esa revolución concreta define el que la vanguardia sea monoclasista o sintetice prácticas populares muy diversas, siempre con eje en la práctica proletaria; o el que se desarrolle y sostenga con un marxismo abierto y promotor de diferentes prácticas ideológicas, confluyendo a una matriz cultural popular.
        
37.-   La vanguardia comunista, el proletariado y el pueblo todo están vinculados en una relación de interioridad; la vanguardia no es la encarnación de la conciencia de clase, la que supuestamente preexistiría por fuera del movimiento de masas. La conciencia de clase no precede a la clase obrera, y la vanguardia no es su portadora.

         El papel de la vanguardia se desarrolla y ejerce dentro de la experiencia de lucha de las masas trabajadoras. Su función principal no es básicamente la mediación, sino dirigir en tanto parte integrante del movimiento obrero y popular.

38.-   La organización comunista no es la única organización política o partido que promueve el proletariado con sus luchas. Pero la constitución del proletariado en vanguardia política es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social.

         Los comunistas se distinguen en que,  por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad, sin olvidar las especificidades nacionales.  Por otra parte, a que, en las diferentes fases de desarrollo por las que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.  Los comunistas son el sector más resuelto de las organizaciones políticas, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario; todo lo cual fue señalado ya en el histórico Manifiesto Comunista.
         Estas características constatan la necesidad de la vanguardia comunista.

39.-   La esencia de la vanguardia comunista como la dirección política-ideológica de la clase obrera se realiza en la medida que logra comprender el curso que sigue la lucha de las masas, la orienta, la profundiza. El rol de vanguardia no se proclama; se construye en la propia práctica histórica del proletariado.

40.-   En la perspectiva comunista; la razón de ser y el objeto supremo de la vanguardia política es coadyuvar a que las masas trabajadoras recuperen y asuman plenamente su papel de fuerza motriz fundamental de la historia, hasta las consecuencias últimas.

         Bajo la firme convicción de que son las masas el artífice principal del cambio revolucionario, la vanguardia se organiza en función de desarrollar una permanente actividad de coadyuvación para que la clase obrera:

         -Forje conciencia de clase.
         -Forje línea política proletaria de masas, y
         -Forje organización revolucionaria de masas.

         Para coadyuvar a que las masas recuperen su papel protagónico en el proceso social, la vanguardia debe favorecer el desarrollo de prácticas de autodeterminación que les permitan forjar un proyecto alternativo de sociedad, libremente construido desde  la perspectiva comunista y con bases suficientes de fuerza de masas y autodeterminacion.
         Para ello, la vanguardia debe favorecer el desarrollo:
        
         -De la actitud participativa de las masas,
         -De el despliegue de su iniciativa popular,
         -De su espíritu colectivista, solidario, rebelde y unitario.
-De su aprendizaje para actuar como una fuerza alternativa,  organizada, suficiente para derrotar y destruir al poder del capital.

         Con este fin, la vanguardia debe desarrollar prácticas de asambleísmo, de relaciones horizontales entre las propias organizaciones sociales, de flujo permanente de la información que rompa todo monopolio, de análisis y tratamiento de esa información de toma de acuerdos colectivos, precisión sobre las tareas a desarrollar y las responsabilidades asumidas, así como la toma de medidas de crítica, autocrítica y corrección de los errores, de alta moral comunista , etc.
         La vanguardia no inventa las formas de lucha y las formas de organización de las masas.  Pero sí coadyuva a que las formas más desarrolladas de la lucha y la organicidad de las masas desplieguen al máximo todo lo que contienen potencialmente y permitan que las formas atrasadas sean superadas y desarrolladas.  La vanguardia, en ésto, no pretende sustituir a las masas, pero tampoco las abandona a su nivel de espontaneidad.  Cuando es preciso, la vanguardia debe saber crear mecanismos operativos de los sectores activos alrededor de sus demandas, los que proyectarán un conjunto de iniciativas hacia los sectores atrasados, buscando despertar su rebeldía y espíritu de lucha.  Evidentement6e, la vanguardia no se limita a actuar en esos mecanismos operativos, sino que busca siempre la movilización de los más amplios sectores de masas. Coadyuva a que se fortalezcan las organizaciones sociales del pueblo, pero no busca su control burocrático ni su sostén artificial.  Estas deben apoyarse en sus propios recursos y capacidades.  La vanguardia lucha por ganar creciente influencia político-ideológica en las organizaciones de masas, pero sin afectar un ápice su autonomía,  y sin olvidar que la hegemonía es fundamentalmente cualitativa y no numérica.

41.-   Para que la vanguardia garantice continuidad de la lucha y la organización de las masas, debe ser capaz de incorporar nuevas experiencias continuamente producidas por los trabajadores.

         La vanguardia debe proponerse desarrollar al máximo su sensibilidad para captar, sistematizar y generalizar las nuevas experiencias de lucha y organización de las masas.  Una vanguardia excesivamente centralizada, burocratizada y monolítica resulta menos eficiente para desarrollar aquella sensibilidad y capacidad promotora de las nuevas iniciativas populares.


42.-   Para que la vanguardia coadyuve y promueva autodeterminación en las masas, ella misma debe ser autodeterminada.

         El desarrollo revolucionario del movimiento de las masas está por encima del desarrollo del grupo político.  El mismo crecimiento de éste viene garantizado por el propio movimiento revolucionario popular.
         La manipulación y la instrumentalización de la militancia son fenómenos ajenos a una vanguardia comunista.  Los militantes organizados en instancias de base, constituyen el momento determinante en la vida de  la vanguardia, pues la militancia se concibe y se ejerce como práctica de lucha y dirección como parte del pueblo.  La elaboración de las líneas de lucha de la vanguardia es un proceso de colectiva sistematización de las experiencias concretas de trabajo revolucionario de la militancia y de sus necesidades concretas de dirección revolucionaria.  El militante no es el soldado raso que cumple las directrices emanadas de una dotada y centralizada dirección;  es, por el contrario, un activo constructor de dichos lineamientos promoviendo dirección central como el conjunto de militantes que en concreto rebelan ser más avezados y experimentados en la conducción revolucionaria.  No hay dirigentes eternizados que puedan apelar a una especie de diplomado en dirección; ellos deben refrendar permanentemente y en concreto su capacidad de dirigentes.
         Los militante son y deben desarrollar su capacidad para recrear permanentemente la acción política; críticos y no sumisos ni seguidistas ante los dirigentes;  contrarios a los privilegios y al elitismo en la organización.  Desarrollan permanentemente su nivel teórico y su conocimiento del medio donde operan (condiciones de trabajo,  tradiciones de lucha, demandas, actitudes del patrón y el Estado, la ubicación de las tendencias políticas actuantes en el sector), así como su específica capacidad de conducción.  Despliegan una oportuna y permanente lucha ideológica superando el canibalismo, el etiquetismo y la estigmatización entre la izquierda.
         La vanguardia pide y lucha por los derechos humanos y las libertades, porque los ejerce a su interior: pide libertad de opinión, de prensa, de disensión, etc., porque la sostiene y ejerce al interior.  Separa la discrepancia del delito.
         Ninguna doctrina, ningún principio o posición proclamadas revolucionarias o marxistas leninistas, y ningún problema, o división interna justifica la eliminación física entre revolucionarios.  El asesinato como método de solución de diferencias ideológicas, nada tiene que ver con la lucha comunista.
         La intolerancia, la exclusión,  la imposición, la grilla y el manipuleo, así como el empleo de la violencia física en el seno de la vanguardia, no son métodos que correspondan al pueblo, al movimiento revolucionario ni menos al comunismo.  Son influencias y herencias malditas del sistema capitalista.

43.-   El acercamiento de las masas a la vanguardia, a su política, a su organización, en lo fundamental debe ser resultado de los niveles de conciencia y organización de las propias masas, de la autoridad conquistada por el grupo, y de las coyunturas políticas específicas.

         Las masas no asumen intelectualmente sino en base a su práctica total la necesidad de la revolución.  Además de las motivaciones fundamentales que les vienen dadas por su propia lucha, sus intereses de clase y sus propios niveles de organización, en aquella asunción intervienen factores subjetivos que se expresan en la confianza, el prestigio y la autoridad de la vanguardia política.  Esta autoridad es identificada progresivamente por las propias masas, sobre la base de que la vanguardia:

         -Participa cotidianamente en sus luchas,
         -Acerta en las políticas concretas,
         -Se coloca en la primera línea de combate,
-Sabe introducir las modificaciones tácticas y de línea política en general, adecuadas a cada circunstancia,
-Rectifica consecuentemente y frente a las masas, cuando la vida evidencia errores cometidos,
-Crea y sostiene una relativa presencia nacional, percibida por las masas;  presencia claramente diferenciada de lo que proponen y hacen otros partidos o agrupamientos políticos no comunistas.
        
         Los comunistas somos militantes que superamos lo caduco del movimiento general de la izquierda, y abrimos perspectivas de luchas inéditas. Somos auténticamente unitarios, respetuosos, amistosos; practicamos, en fin, la divisa de que nada de lo humano nos es ajeno.

México, D.F., escrito originalmente en el año de 1988,
reeditado con algunas correcciones en 2005.



























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